Bill Gates: Recuperar el tiempo perdido con la COVID-19

Bill Gates on Oct. 9, 2019, in Lyon, France. (Jeff Pachoud/AFP via Getty Images)

Si tomamos las decisiones correctas ahora, respaldados por la ciencia, los datos y la experiencia de los profesionales médicos, podemos salvar vidas y hacer que nuestro país vuelva a trabajar.»


No hay duda de que Estados Unidos perdió la oportunidad de adelantarse al nuevo coronavirus. Pero la ventana para tomar decisiones importantes no se ha cerrado. Las elecciones que hagamos nosotros y nuestros líderes tendrán ahora un enorme impacto en que tan pronto empiecen a disminuir los números de casos, cuanto tiempo la economía permanecerá colapsada y cuantos estadounidenses tendrán que enterrar a un ser querido debido a la COVID-19.

Nuestra fundación ha estado trabajando para frenar el brote durante varios meses. Hasta la fecha, hemos invertido $ 105 millones en esfuerzos para crear nuevas terapias, ampliar el acceso a las pruebas y limitar el impacto del virus aquí en Seattle.

Como resultado de este trabajo, he hablado con expertos y líderes en Washington y en todo el país. Me ha quedado claro que debemos dar tres pasos.

Primero, necesitamos un enfoque nacional consistente para la cuarentena. A pesar de los pedidos de los expertos en salud pública, algunos estados y condados no se han aislado por completo. En algunos estados, las playas aún están abiertas; en otros, los restaurantes aún sirven alimentos a la mesa.

Esta es una receta para el desastre. Debido a que las personas pueden viajar libremente a través de las fronteras estatales, también el virus puede hacerlo. Los líderes del país deben ser claros: el cierre en cualquier lugar significa el cierre en todas partes. Hasta que los números de casos comiencen a disminuir en todo Estados Unidos, lo que podría tomar 10 semanas o más, nadie puede continuar con los negocios como de costumbre o relajar la cuarentena. Cualquier confusión sobre este punto solo extenderá el impacto económico, aumentará las probabilidades de que el virus regrese y cause más muertes.

En segundo lugar, el gobierno federal necesita intensificar las pruebas. Muchas más pruebas deben estar disponibles. También debemos agregar los resultados para poder identificar rápidamente a los voluntarios potenciales para los ensayos clínicos y saber con confianza cuando es el momento de volver a la normalidad. Hay buenos ejemplos a seguir: el estado de Nueva York recientemente amplió su capacidad a más de 25,000 pruebas por día.

También ha habido algunos avances en métodos de prueba más eficientes, como el hisopo desarrollado por la Red de Evaluación de Coronavirus de Seattle, que permite a los pacientes tomar una muestra ellos mismos sin exponer a un trabajador de la salud. Espero que esta y otras innovaciones en las pruebas se amplíen pronto en todo el país.

Aun así, la demanda de pruebas probablemente excederá la oferta por algún tiempo, y en este momento, hay poca coherencia o razón para saber quién obtiene las pocas disponibles. Como resultado, no tenemos una buena idea de cuantos casos hay o hacia donde podrá dirigirse el virus a continuación, y será difícil saber si resurgirá más tarde. Y debido a la acumulación de muestras, los resultados pueden tardar siete días en obtenerse cuando los necesitamos en menos de 24 horas.

Por eso es por lo que el país necesita prioridades claras para saber quién se somete a las pruebas. Primero en la lista deben estar las personas en roles esenciales, como los trabajadores de la salud y quienes conforman el primer frente, seguidos por las personas muy sintomáticas con mayor riesgo de enfermarse gravemente y aquellas que probablemente hayan estado expuestas.

Lo mismo ocurre con mascarillas y ventiladores. Obligar a 50 gobernadores a competir por equipos que salvan vidas y a hospitales a pagar precios exorbitantes por ellos, solo empeora las cosas.

Finalmente, necesitamos un enfoque basado en datos para desarrollar tratamientos y una vacuna. Los científicos están trabajando a toda velocidad en ambos; Mientras tanto, los líderes pueden ayudar a no alimentar rumores o compras de pánico. Mucho antes de que el medicamento hidroxicloroquina se aprobara como tratamiento de emergencia para la COVID-19, las personas comenzaron a acumularlo, lo que dificulta encontrarlo para los pacientes con otras patologías como el lupus que lo necesitan para sobrevivir.

Deberíamos proseguir con los procesos que funcionan: Realizar ensayos rápidos con varios candidatos e informar al público cuando los resultados estén disponibles. Una vez que tengamos un tratamiento seguro y efectivo, tendremos que asegurarnos de que las primeras dosis lleguen a las personas que lo necesitan más.

Para poner fin a la enfermedad necesitaremos una vacuna segura y efectiva. Si hacemos todo bien, podríamos tener una en menos de 18 meses, lo más rápido que hayamos desarrollado una vacuna. Pero crear una vacuna es solo la mitad de la batalla. Para proteger a los estadounidenses y a las personas en todo el mundo, tendremos que fabricar miles de millones de dosis.

Sin una vacuna, los países en desarrollo corren un riesgo aún mayor que los ricos, porque es aún más difícil para ellos hacer distanciamiento físico y cuarentenas. Cuanto más baja es la escala de ingresos en que viva la gente, más imprescindible es que salgan a trabajar todos los días tan solo para poder alimentar a su familia.

Si viven en las partes más pobres del África subsahariana o la India, quedarse en casa simplemente no es una opción. Incluso si se quedan en casa, no pueden separarse de sus vecinos; en barrios pobres, las casas están tan juntas que no hay forma de mantener la distancia. Todo el trabajo que los países ricos están haciendo ahora para desarrollar vacunas también debe salvar vidas en esos lugares.

Podemos empezar a fabricar todas las dosis que necesitamos ahora construyendo las instalaciones donde se fabricarán estas vacunas. Debido a que muchos de los principales candidatos de la vacuna se hacen con equipos únicos, tendremos que construir instalaciones para cada uno de ellos, sabiendo que algunos no se aprovecharán. Las empresas privadas no pueden correr ese tipo de riesgo, pero el gobierno federal sí puede hacerlo. Es una gran señal de que la administración hizo tratos esta semana con al menos dos compañías para prepararse para la fabricación de vacunas. Espero que se presenten más ofertas.

En 2015, insté a los líderes mundiales en una charla TED a prepararse para una pandemia de la misma manera en que se preparan para la guerra, ejecutando simulaciones para encontrar las grietas en el sistema. Como hemos visto este año, tenemos un largo camino por recorrer. Pero todavía creo que, si tomamos las decisiones correctas ahora, respaldados por la ciencia, los datos y la experiencia de los profesionales médicos, podemos salvar vidas y hacer que nuestro país vuelva a trabajar.


Traducido de la fuente original en inglés en:

https://www.washingtonpost.com

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